Me da igual lo que suceda. Si mi mente se vuelve loca, mi cuerpo responde y mis sueños se disparan.
No me importa admitir que creo en la verdad. En un mundo sincero, un mundo en el que todos y todo, pueda ser como de verdad es. Sin mentiras, sin engaños, sin trucos disparatados.... un mundo lleno de verdad.
La belleza, se encuentra entre los objetos mas pequeños e insignificantes; aquellos en los que por algún motivo tu no caes. La belleza no tiene porque ser anoréxica, ni alta, ni esbelta, ni baja... no tiene porque tener una forma fija y definida. La belleza es única e indefinible, porque cada uno amamos la belleza de una manera diferente.
¿Que haría yo sin la libertad? Aquel dogma, que podría ser incluso el fundamento de los otros. La libertad de expresión, de creación, de pensamiento, de amar a quien quieras, de ser como eres, de actuar como te de la gana... La libertad, aquello que muchos hombres anhelan, que muchos alardean de tenerla, y pocos de verdad la tienen.
Y por ultimo, aunque no menos importante, el amor. Aquel sentimiento que ya nos invade al nacer. Que lo podemos encontrar de todas las formas, maneras, colores.. De una madre a un hijo, de un marido a su esposa, de un hombre a un hombre, de hermano a hermano... de cualquier manera que nos imaginemos. Amar, que bonita palabra, con cuanto significado... pero a la vez.. que peligrosa que es.
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jueves, 21 de julio de 2011
viernes, 8 de julio de 2011
Dulce Morfeo.
Y por algún motivo, sufrir de insomnio.
No poder dormir. Ver como la gente comienza a alejarse de la realidad... por unos segundos, minutos, horas, etc. Disfrutando o sufriendo de un mundo lleno de deseos, temores, frustraciones, amores pasados, presentes o futuros. Haciendo realidad sus anhelados secretos, que sólo el subconsciente conoce.
Mientrás que mi mente divaga, entre los rincones y las calles menos transitadas de toda la ciudad. Dejandose dominar por sus impulsos, observando a los pequeños animales nocturnos... que como ella, no pueden rendirse ante el todo poderoso Morfeo.
-¡Ay, dulce Morfeo! Deja que tu delirente hechizo se pose sobre mi. -
No poder dormir. Ver como la gente comienza a alejarse de la realidad... por unos segundos, minutos, horas, etc. Disfrutando o sufriendo de un mundo lleno de deseos, temores, frustraciones, amores pasados, presentes o futuros. Haciendo realidad sus anhelados secretos, que sólo el subconsciente conoce.
Mientrás que mi mente divaga, entre los rincones y las calles menos transitadas de toda la ciudad. Dejandose dominar por sus impulsos, observando a los pequeños animales nocturnos... que como ella, no pueden rendirse ante el todo poderoso Morfeo.
-¡Ay, dulce Morfeo! Deja que tu delirente hechizo se pose sobre mi. -
domingo, 13 de marzo de 2011
El viento y sus recuerdos.
La noche caía oscura y traquila bajo aquellas bulliciosas calles. La gente andaba rápido sin fijarse en las maravillas que le rodeaban. Solo pensaban en cosas sin importancias, en todas aquellas cosas que tenían que hacer antes de irse a dormir.
Pero había alguien que destacaba entre todo aquel gentio. Un muchacho tumbado delante de una ventana, con una botella de vodhka en la mano y un cigarrillo medio consumido en la otra. Él miraba al vacío, intentando dislumbrar la luna entre todas aquellas luces artificiales. No quería pensar, en verdad, no debía. Su única preocupación era entrar en el mundo de los sueños, para abandonar todos esos horribles pensamientos que no le dejaban vivir.
Poco a poco se incorporó, y ando hasta llegar a la ventana; donde dejo caer sus brazos, tranquilamente, en la barrandilla. Miró la botella que tenía en la mano, y con fuerza la lanzó dentro de la habitación chocando estrepitosamente contra un espejo. Las lágrimas brotaban de sus ojos y se resbalaban por sus mejillas, con la misma velocidad que el líquido blanco de la botella caía por las paredes.
Se dejo caer, hasta que su espalda toco los frio barrotes de hierro. Mientras la suave brisa otoñal mecía suavemente sus cabellos, dejando que bailasen libres; como si el viento fuese una dulce sinfonía, que traía consigo el susurro de su nombre. Él se tapaba los oídos, no quería oírlo, no quería volver a la realidad.
Porque a la vez que el viento traía su nombre, también estaba acompañado de fríos y oscuros recuerdos de su pasado, de sus temores, de sus dudas... y sobre todo de ella. Aquella chica, que se creía mujer; y, que le había quitado el sueño, más de una vez, como, en ese mismo momento, le ocurría.
-Albert...- susurraba el viento.
-¡No!- gritaba él.
Pero había alguien que destacaba entre todo aquel gentio. Un muchacho tumbado delante de una ventana, con una botella de vodhka en la mano y un cigarrillo medio consumido en la otra. Él miraba al vacío, intentando dislumbrar la luna entre todas aquellas luces artificiales. No quería pensar, en verdad, no debía. Su única preocupación era entrar en el mundo de los sueños, para abandonar todos esos horribles pensamientos que no le dejaban vivir.
Poco a poco se incorporó, y ando hasta llegar a la ventana; donde dejo caer sus brazos, tranquilamente, en la barrandilla. Miró la botella que tenía en la mano, y con fuerza la lanzó dentro de la habitación chocando estrepitosamente contra un espejo. Las lágrimas brotaban de sus ojos y se resbalaban por sus mejillas, con la misma velocidad que el líquido blanco de la botella caía por las paredes.
Se dejo caer, hasta que su espalda toco los frio barrotes de hierro. Mientras la suave brisa otoñal mecía suavemente sus cabellos, dejando que bailasen libres; como si el viento fuese una dulce sinfonía, que traía consigo el susurro de su nombre. Él se tapaba los oídos, no quería oírlo, no quería volver a la realidad.
Porque a la vez que el viento traía su nombre, también estaba acompañado de fríos y oscuros recuerdos de su pasado, de sus temores, de sus dudas... y sobre todo de ella. Aquella chica, que se creía mujer; y, que le había quitado el sueño, más de una vez, como, en ese mismo momento, le ocurría.
-Albert...- susurraba el viento.
-¡No!- gritaba él.
viernes, 7 de enero de 2011
Recuerdos.
Los pasillos solitarios, de lo que una vez había sido el más prestigioso palacio, añoran con desesperación un alma conocida. Ese alma, será su reina, la reina que retorne la grandeza a su pueblo. Nadie recuerda el nombre del último rey, nadie recuerda el sonido de la última canción. Ese palacio, majestuoso, y con un brillo único, aún lo recuerda. Recuerda hasta como la última flor, brillo en aquel jardín.
Las losas de piedra se quejan por no oír ningún taconeo sobre ellas, los sillones se resienten por no sentir un cálido cuerpo cerca. Pero eso no es lo único que se queja en aquel hermoso palacio. Las almas de los fantasmas, lloran por el abandono, y la destrucción que reinan allí. No todos recuerdan como fue la última visita. Ya que mucho llegaron apenas varios minutos después.
Un alma en la que su cabeza descansa una vieja corona, no cesa de llorar. Aquel hombre cuenta una y otra vez, las puestas de sol. Espera que algún día llegué la salvación para aquel, triste pueblo, que descansa bajo el que una vez, en el recuerdo de alguien fue el más magnífico de los monumentos construidos.
Aquel pueblo, en el que solo habitan criaturas, que temen al olvido, ya no es lo que un día conocieron. Aquel hermoso pueblo que había brillado con luz propia. Intentan rememorar y citar textualmente lo que la más vieja y sabia bruja, les dijo hace casi dieciséis años. Las palabras rondan por sus cabezas, pero no consiguen formar una oración como la que escucharon. La palabra reina, destaca en sus mentes.
Esperan a su reina, a aquella que una vez una bruja nombro, como la salvadora del pueblo conocido con el nombre de...
Las losas de piedra se quejan por no oír ningún taconeo sobre ellas, los sillones se resienten por no sentir un cálido cuerpo cerca. Pero eso no es lo único que se queja en aquel hermoso palacio. Las almas de los fantasmas, lloran por el abandono, y la destrucción que reinan allí. No todos recuerdan como fue la última visita. Ya que mucho llegaron apenas varios minutos después.
Un alma en la que su cabeza descansa una vieja corona, no cesa de llorar. Aquel hombre cuenta una y otra vez, las puestas de sol. Espera que algún día llegué la salvación para aquel, triste pueblo, que descansa bajo el que una vez, en el recuerdo de alguien fue el más magnífico de los monumentos construidos.
Aquel pueblo, en el que solo habitan criaturas, que temen al olvido, ya no es lo que un día conocieron. Aquel hermoso pueblo que había brillado con luz propia. Intentan rememorar y citar textualmente lo que la más vieja y sabia bruja, les dijo hace casi dieciséis años. Las palabras rondan por sus cabezas, pero no consiguen formar una oración como la que escucharon. La palabra reina, destaca en sus mentes.
Esperan a su reina, a aquella que una vez una bruja nombro, como la salvadora del pueblo conocido con el nombre de...
domingo, 6 de junio de 2010
Por que.
Quiero ser normal. Dejar de vivir tristes y amargos amores, como los que siempre aparecen en las peliculas de Hollywood. Intentar ser yo, sin que nadie me lo recrimine. Olvidarme de ese 4 de junio, que fue el mejor de mi vida. No tener que sentirme nunca mas culpable por lo que pase. Vivir con normalidad, como todas las personas en este mundo; con problemas que solo me involucren a mi. Hacer una cosa, y que nadie salga mal parado. No sentirme culpable por nadie mas que por mi misma. No ser tan jodidamente jodida buena persona.
Pero, ¿por que veo eso tan imposible?
Por que creer en el destino. Por que esperar a todas esas señales, que aunque minusculas, siempre estan ahi y aparecen en el peor de los momentos. Por que, por que, por que, por que... por que soy yo. Por que soy asi.
No tengo respuestas y lo se.
Pero, ¿por que veo eso tan imposible?
Por que creer en el destino. Por que esperar a todas esas señales, que aunque minusculas, siempre estan ahi y aparecen en el peor de los momentos. Por que, por que, por que, por que... por que soy yo. Por que soy asi.
No tengo respuestas y lo se.
miércoles, 2 de junio de 2010
¡Oh, señor!
Y quiero que esto se pase, este dolor que apuñala mi pecho, y le deja sin respiración. Que quebranta mi corazón, y le deja inmune ante sus miradas. Si señor, el culpable es usted. Y aún me pregunta por qué. Pronuncie aquellas pablaras betadas. Aquellas que para mi eran el mayor tabú. Me hizo daño, ¿y aún pregunta el por qué? No me haga reír, señor; porque ya tengo suficiente con las lágrimas que amenazan con caer, sea cual sea la canción de fondo. Lo intente, no se si lo logré, pero lo que tengo claro es que ni el mayor castigo, ni la mayor tortura se podrá comparar con este inminente pulso acelerado. ¡Oh, señor! Deje de jugar con mi frágil corazón.
P.D: pequeña escapada, a mi mundo ideal. Sigo agobiada, si damas y caballeros. Pero lo necesitaba.
P.D: pequeña escapada, a mi mundo ideal. Sigo agobiada, si damas y caballeros. Pero lo necesitaba.
domingo, 9 de mayo de 2010
Mi querida Lisambiotu.
Que bella te encuentras siempre. Con tus calles llenas de una epoca pasada. Tus jardines siempre se muestran como cada uno los quiere ver. Duendes andando de alli para alla, mientras miran a los forasteros, como si supiesen, que ellos no conocen todos los secretos que escondes para mi, pequeña Lisambiotu. Tu siempre vienes en mi busca, me permites entrar, como un viejo amigo. Aun veo mi lugar preferido escondido en tu hombro, como si tu aun fueras una persona. Pero siempre encuentro ahi, en esa ciudad conocida, mi sitio. Mi arbol, mi jardin, mi casa. Si, tu siempre tienes un hermoso hueco para mi. En el que las rosas siempre son azules. El tejado siempre es lila, y las paredes de piedra. En el que nunca paso calor, aunque siempre halla sol. La lluvia que aunque a veces cae, siempre se muestra dulce con la flora. ¿Como le puede hacer daño, a mi hogar?
Aun mientras ando, encuentra la ultima gota de rocio. Por la noche, la primera estrella, que con timidez se rinde y brilla. Y la luna, no siempre esta ahi, pero se que lo esta. Que curiosa que eres Lisambiotu.
Las hadas se rinden ante tu encanto. El mar siempre deja espuma en tu orilla. Las nubes siempre se muestran timidas ante ti. Y las personas siempre quieren un poco mas de ti. Quieren esa magia, que siempre me dejas a mi. Porque se que yo soy tu rey. Despues de todo yo te descubri, aunque si te digo la verdad, tu siempre seras mi amor. Aquella que me cautivo, y me dejo ver por ultima vez todo aquello que mas quiero.
Pero dime... por que no le encuentro. A esa persona que se supone que debo amar. Por que no se encuentra aqui. ¿Acaso hay mas lugares a parte de ti, mi querida Lisambiotu? Porque si es cierto, no te quiero dejar atras. Tu le tienes que dejar entrar, sabiendo que no un extranjero, si no, que despues de todo, tambien es tu viejo amigo.
No puedo abandonarte, el tiene que encontrarme, en los lindes de mi primer amor.
Aun mientras ando, encuentra la ultima gota de rocio. Por la noche, la primera estrella, que con timidez se rinde y brilla. Y la luna, no siempre esta ahi, pero se que lo esta. Que curiosa que eres Lisambiotu.
Las hadas se rinden ante tu encanto. El mar siempre deja espuma en tu orilla. Las nubes siempre se muestran timidas ante ti. Y las personas siempre quieren un poco mas de ti. Quieren esa magia, que siempre me dejas a mi. Porque se que yo soy tu rey. Despues de todo yo te descubri, aunque si te digo la verdad, tu siempre seras mi amor. Aquella que me cautivo, y me dejo ver por ultima vez todo aquello que mas quiero.
Pero dime... por que no le encuentro. A esa persona que se supone que debo amar. Por que no se encuentra aqui. ¿Acaso hay mas lugares a parte de ti, mi querida Lisambiotu? Porque si es cierto, no te quiero dejar atras. Tu le tienes que dejar entrar, sabiendo que no un extranjero, si no, que despues de todo, tambien es tu viejo amigo.
No puedo abandonarte, el tiene que encontrarme, en los lindes de mi primer amor.
jueves, 22 de abril de 2010
Sinceramente.
¿Qué no te mire, en los pocos momentos en que nos vemos? Lo siento, pero me estás dejando ciega.
¿Qué no te hable, y no te cuente mis estúpideces? Perdona, pero entonces seré muda.
¿Qué no te escuche, las pocas veces que me hablas? No podría vivir.
Sinceramente, ya no se que hacer. Mi corazón se desquebraja y se rompe poco a poco, dejándome sola. Mi cabeza se inunda de ideas; la peor de todas, tus besos contra mis labios; tus brazos abrazándome. Tus ojos mirándome con esa sonrisa tan sumamente pícara, que siempre llevas dibujada. Mi pelo haciendo esas inquietantes cosquillas en tu rostro, que producen esa risa tan franca. Tus bromas por llevar esas grandes gafas de pasta, pero tu risa al final, por empezar ha hacer la tonta. Tus celos sobre un pequeño muñeco de yoda. Tus ideas alocadas, sobre todos esos momentos que te gustaría que pasasemos en mi cama. Esos toques incesantes a las tantas de la madrugada, mientras tenemos la web-cam puesta y nos enfermamos unos a otros. Tus dibujos en los que siempre me plasmas enfadada, mientras tu te riés de mi. El modo en el que dices que soy una niña, con esa amplia y feliz sonrisa.
¿Estás seguro de que lo olvide todo? Porque podría estar así el resto de mi vida. Recordando cada momento que pasamos juntos... pero, tal vez, ya has decidido.
Habrás elegido no verme, no venir aquí. No querer abrazarme como tantas veces he pensando que lo harías. No decir esas dos palabras, con ocho letras que me muero por ver salir de tus labios. Pero después de todo, ya me lo esperaba y me lo imaginaba. Por duro o increíble que parezca, no tenía ilusión. Sabía perfectamente, que te negarías a bajar, a estar a mi lado, o simplemente, ella lo haría.
Esa chica que te hizo sentir más hombre que niño. Que consigue en ti, todo lo contrario a lo que yo he conseguido, o si alguna vez sucede, conseguiré.
Pero, ¿quién soy yo para decir lo que te piensas?
Nadie.
sábado, 17 de abril de 2010
Demasiado complicada.
-Vale, lo admito. De una vez por todas, te daré la razón. Si así es como soy yo. Soy caprichosa, pero es normal, ¿qué persona en el mundo no lo és? ¿Qué persona no quiere tener todo aquello que en verdad ama?
-Es que no lo entiendes, tu lo quieres todo.
-No. El que no lo entiende eres tú. Nunca me has mirado a los ojos, nunca te has fijado en mí como lo hacías en ella. Jamás me dedicastes ninguna canción, o me dijiste lo guapa que estaba. Nunca comprendiste, que para mí eras algo más que un simple amigo.
-Pero, es que no lo entiendo.
-Es que nunca lo entenderás. Si, te doy la razón. Pero no puedo estar atada a alguien, no puedo. Por mucho que quiera, siempre tendré la sensación de que tengo que huir, volar, y no volver jamás. Soy independiente, soy libre, soy de muchas maneras. Pero ninguna de ellas, es tal y como tu piensas que soy.
-Te sigo sin entender.
-Será porque no te entiendes a ti mismo.
-Eres demasiado complicada...
-Y tu demasiado simple.
domingo, 4 de abril de 2010
Que el tiempo pasaba.
Lagrimas que resbalaban por sus mejillas. Suspiros que escapaban de su boca. Miradas que no debia de haber correspondido. Manos que nunca debieron ser enlazadas. Beso que nunca debio de responder. Abrazos que jamas debieron ser dados. Sonrisas que no tendria que haber dibujado. Historia que no debio empezar. Habia comenzado todo mal.
¿Por que se encontraba pequeña y desdunada, en aquella habitacion ajena a su memoria? Ese lugar que olia a amor desperdiciado, a noche de lujuria; a todas esas cosas que ella misma odiaba. Aun notaba las botellas rotas bajo sus pies; cristales, que la herian. Pero le daba igual.
No le importaba el echo de que sus pies sangraran. De los arañazos que tenia por los brazos. No recordaba nada. Aunque todo le hacia recordar algo. ¿Con quien habia estado aquella noche? ¿Acaso le habia amado? Pero sabia que no era amada, que solo habia estado, por no encontrarse sola. Y se odiaba. Se repuganaba. Queria huir. Llorar. Volver y no mirar nunca atras.
Pero eso era imposible. Porque habia olvidado a ser inocente como una niña pequeña. Habia dejado atras toda su infancia. Ella queria ser niña. No queria crecer, no queria madurar. Queria quedarse asi para siempre. Y lo sabia, sabia que era imposible, que el tiempo pasaba. Que todo lo que hacia, tenia consecuencias. Que jamas saldria inmune. Que no podia volver atras.
Era demasiado leal. Era demasiado esclava de sus palabras, de sus actos... Era demasiado ella, como para huir. Pero aun asi, se miraba las manos, que tenia llenas de cadenas. Cadenas invisibles, que por mas que quisiera no desaparecerian. Esas extrañas cosas, que le quemaban la piel, y le hacian ser tal y como era. Ella era...
lunes, 15 de febrero de 2010
Carta de una mujer a su marido.
¿Por qué me has hecho esto? No se suponía que me amabas. Dónde se quedaron los momentos bonitos. Los días en que no podíamos más, y nos reíamos de tonterias. Dónde se quedaron tus palabras ahora. Dónde pusiste tus promesas. Ahora veo que todo son mentiras.
Aún recuerdo las tardes de veranos en los bancos, cuando éramos jóvenes. Esas tantas llamadas de horas interminables. Cartas de amor a escondidas. Besos robados, regalados, dados y recibidos. Las noches de inviernos fríos.
Lo recuerdo todo, en este momento.
Lágrimas derramadas por alegría, por tristeza, por pensar que te perdía, por tenerte a mi lado de vuelta, por amarte, por añorarte, por los momentos juntos felices, y por todos esos dolorosos.
Nuestro primer día en "nuestra" casa. "Nuestra" boda. "Nuestras" promesas. "Nuestras" bromas. "Nuestros" momentos... "NUESTRO" todo.
Ahora te miró a los ojos, inertes. Tú, tú mi único y verdadero amor. Tú, tú mi única y absurda droga... me has llevado a la tumba. Me has matado.
Mientras acabas conmigo, ya, yo en silencio, lo recuerdo todo, y recuerdo las palabras mágicas: "En la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza. Hasta que la muerte nos separé." Pero no sabía que tu ibas a ser mi verdugo.
Nunca me pegaste, nunca me insultaste, nunca hiciste nada malo... ¿por qué me has arrebatado la vida?
Recuérdale a "nuestro" hijo que le amo, como nada en el mundo. A mí madre, que iré a un lugar mejor. A mi hermana, que no lloré. Y a ti... recuérdate, que te ame, hasta el punto de encontrarme muerta, inerte, vulnerable y alejada del mundo, en tus manos, ... para siempre.
Con amor,
Esa persona que lo dio todo, y más por ti.
Aún recuerdo las tardes de veranos en los bancos, cuando éramos jóvenes. Esas tantas llamadas de horas interminables. Cartas de amor a escondidas. Besos robados, regalados, dados y recibidos. Las noches de inviernos fríos.
Lo recuerdo todo, en este momento.
Lágrimas derramadas por alegría, por tristeza, por pensar que te perdía, por tenerte a mi lado de vuelta, por amarte, por añorarte, por los momentos juntos felices, y por todos esos dolorosos.
Nuestro primer día en "nuestra" casa. "Nuestra" boda. "Nuestras" promesas. "Nuestras" bromas. "Nuestros" momentos... "NUESTRO" todo.
Ahora te miró a los ojos, inertes. Tú, tú mi único y verdadero amor. Tú, tú mi única y absurda droga... me has llevado a la tumba. Me has matado.
Mientras acabas conmigo, ya, yo en silencio, lo recuerdo todo, y recuerdo las palabras mágicas: "En la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza. Hasta que la muerte nos separé." Pero no sabía que tu ibas a ser mi verdugo.
Nunca me pegaste, nunca me insultaste, nunca hiciste nada malo... ¿por qué me has arrebatado la vida?
Recuérdale a "nuestro" hijo que le amo, como nada en el mundo. A mí madre, que iré a un lugar mejor. A mi hermana, que no lloré. Y a ti... recuérdate, que te ame, hasta el punto de encontrarme muerta, inerte, vulnerable y alejada del mundo, en tus manos, ... para siempre.
Con amor,
Esa persona que lo dio todo, y más por ti.
domingo, 7 de febrero de 2010
Y me siento mal.
Y me siento mal.
Ella me había dado la vida, la oportunidad de poder confiar en ella; pero por algún motivo, tenía miedo.
Miedo de hacer que se avergonzará de mi, de que tal vez, ella esperaba a otra persona completamente diferente a mi. Alguien que pudiese confiar ciegamente en ella, como ella lo hacía. Pero, ya es demasiado tarde...
No supo aprovechar el momento, no supo hacer lo correcto; y ahora, como una tonta, más de mil lágrimas caen de mis ojos, por no saber tratarla como ella hace conmigo. Por tener miedo a defraudarla, a equivocarme, a no saber confiar...
A mil cosas, que parecen tontas, pero que aún así, me preocupan más que nada. Porque quiero que ella se sienta querida, como ella hace conmigo. Pero tengo demasiado miedo, como para quererla del mismo modo, que ella me quiere a mi. Y de que no confie en mí... otra vez.
Ella me había dado la vida, la oportunidad de poder confiar en ella; pero por algún motivo, tenía miedo.
Miedo de hacer que se avergonzará de mi, de que tal vez, ella esperaba a otra persona completamente diferente a mi. Alguien que pudiese confiar ciegamente en ella, como ella lo hacía. Pero, ya es demasiado tarde...
No supo aprovechar el momento, no supo hacer lo correcto; y ahora, como una tonta, más de mil lágrimas caen de mis ojos, por no saber tratarla como ella hace conmigo. Por tener miedo a defraudarla, a equivocarme, a no saber confiar...
A mil cosas, que parecen tontas, pero que aún así, me preocupan más que nada. Porque quiero que ella se sienta querida, como ella hace conmigo. Pero tengo demasiado miedo, como para quererla del mismo modo, que ella me quiere a mi. Y de que no confie en mí... otra vez.
martes, 19 de enero de 2010
Ese era mi nombre.
Aún recuerdo la primera vez que mis padres me contaron como llegué al mundo. Era un lunes cualquiera, un día soleado y frío. Mientras mi padre se fue a trabajar a las seis de la mañana, como siempre hizo y sigue haciendo cuando su cuerpo se lo permite. Mi madre se quedó en casa, porque se encontraba mal; quién le iría a decir, que después de un rato, iba a romper aguas.
Sé que no fue mi padre quien la llevo al hospital.
No porque el no quisiera, si no, porque mi madre dijo que aún no era el momento. Que yo sabría cuando iba a ser; y así fue.
A las tres de la tarde, nací yo.
El primero en estar allí, fue el padre de mi padre: mi abuelo. Él, siempre ha sido una persona arisca y borde, a la cual, le costaba mucho mostrar sus sentimientos. Aunque en vez de ser discreto, a él le gustaba decir las cosas a la cara, y que si se podía dejar más claro aún, él lo hacía así.
Recuerdo una vez, una semana antes de que el nos dejará. Yo no había ido antes, ya que aún era muy pequeña para ver ese tipo de cosas. Aún tengo la escena grabada en mi cabeza, como si hubiera pasado esta mañana. Él no pronunciaba palabra, había perdido el habla. Fuera de aquella habitación estaba yo, mi hermano entró primero. Yo tenía miedo. Nada más verle, mi abuelo lo llamó por su nombre, y nadie se alarmó, él siempre había sido uno de sus favoritos.
Aún veo a mi hermano salir de la habitación cada vez que paso por ahí delante. Él me toco el hombro, y me dijo que no temiera nada, pero no era tan fácil como parecía. Todos me miraban con ciertas indiferencia, yo tan solo tenía nueve años, mientras que mi hermano tenia quince.
Mi abuelo me miró, noté algo que nunca antes había notado en sus ojos verdes. Esos ojos verdes, con un toque marrón, que según la luz, se veían de una manera u otra; esos ojos que siempre me habían dado miedo, pero que eran hermosos. Muchas veces me arrepiento por no haberlos heredado.
En ese momento, el intentó como levantarse. Le vi tumbado en la cama, vulnerable y débil como nunca antes lo había hecho, y sincero, más que nunca. Era claro, transparente, y simplemente, cristalino. Al ver que no podía levantarse me dio la mano, y sonrió. Aún me entran ganas de llorar cada vez que esa escena vuelve a pasar por mi mente. Dijo mi nombre, aquel nombre que nunca había estado en la familia. Aquel hombre que siempre me había dado miedo, ahora estaba admitiendo que yo era quien era. Por primera vez en la vida, y creo que por última, me sentí verdaderamente yo. Nadie en la sala se lo creía, no daba crédito a sus palabras, pero mi madre se acercó y me abrazo; dándole razón. Si, ese era mi nombre...
Una semana después, murió. Aún se me ponen lágrimas en los ojos cuando veo sus fotos conmigo, en las cuales él se ve tan pequeño. Viéndome en el hospital, con tan solo minutos de vida. Conmigo en brazos, a los tres años. En su casa con siete años. Pero me siento impotente, vulnerable, como él se había sentido ese día, por no haberme dado cuenta de todo lo que teníamos en común, por no haber aprovechado mis nueve años junto a él. Ojalá pudiese volver a atrás para decirle, todo lo que estoy escribiendo ahora, para decirle que no le defraudaré, que lo intento con todas mi ganas. Y que seré alguien en la vida, tal y como él me ha enseñado a ser.
Él, era y es mi abuelo, y le echo de menos.
Sé que no fue mi padre quien la llevo al hospital.
No porque el no quisiera, si no, porque mi madre dijo que aún no era el momento. Que yo sabría cuando iba a ser; y así fue.
A las tres de la tarde, nací yo.
El primero en estar allí, fue el padre de mi padre: mi abuelo. Él, siempre ha sido una persona arisca y borde, a la cual, le costaba mucho mostrar sus sentimientos. Aunque en vez de ser discreto, a él le gustaba decir las cosas a la cara, y que si se podía dejar más claro aún, él lo hacía así.
Recuerdo una vez, una semana antes de que el nos dejará. Yo no había ido antes, ya que aún era muy pequeña para ver ese tipo de cosas. Aún tengo la escena grabada en mi cabeza, como si hubiera pasado esta mañana. Él no pronunciaba palabra, había perdido el habla. Fuera de aquella habitación estaba yo, mi hermano entró primero. Yo tenía miedo. Nada más verle, mi abuelo lo llamó por su nombre, y nadie se alarmó, él siempre había sido uno de sus favoritos.
Aún veo a mi hermano salir de la habitación cada vez que paso por ahí delante. Él me toco el hombro, y me dijo que no temiera nada, pero no era tan fácil como parecía. Todos me miraban con ciertas indiferencia, yo tan solo tenía nueve años, mientras que mi hermano tenia quince.
Mi abuelo me miró, noté algo que nunca antes había notado en sus ojos verdes. Esos ojos verdes, con un toque marrón, que según la luz, se veían de una manera u otra; esos ojos que siempre me habían dado miedo, pero que eran hermosos. Muchas veces me arrepiento por no haberlos heredado.
En ese momento, el intentó como levantarse. Le vi tumbado en la cama, vulnerable y débil como nunca antes lo había hecho, y sincero, más que nunca. Era claro, transparente, y simplemente, cristalino. Al ver que no podía levantarse me dio la mano, y sonrió. Aún me entran ganas de llorar cada vez que esa escena vuelve a pasar por mi mente. Dijo mi nombre, aquel nombre que nunca había estado en la familia. Aquel hombre que siempre me había dado miedo, ahora estaba admitiendo que yo era quien era. Por primera vez en la vida, y creo que por última, me sentí verdaderamente yo. Nadie en la sala se lo creía, no daba crédito a sus palabras, pero mi madre se acercó y me abrazo; dándole razón. Si, ese era mi nombre...
Una semana después, murió. Aún se me ponen lágrimas en los ojos cuando veo sus fotos conmigo, en las cuales él se ve tan pequeño. Viéndome en el hospital, con tan solo minutos de vida. Conmigo en brazos, a los tres años. En su casa con siete años. Pero me siento impotente, vulnerable, como él se había sentido ese día, por no haberme dado cuenta de todo lo que teníamos en común, por no haber aprovechado mis nueve años junto a él. Ojalá pudiese volver a atrás para decirle, todo lo que estoy escribiendo ahora, para decirle que no le defraudaré, que lo intento con todas mi ganas. Y que seré alguien en la vida, tal y como él me ha enseñado a ser.
Él, era y es mi abuelo, y le echo de menos.
sábado, 16 de enero de 2010
Besos, abrazos, caricias, palabras...
Y Eva, por un momento, dejó que su mente vagara. Recordo todo lo pasado con Adam, aquellos momentos especiales; todo lo bueno que habían vivido juntos. Besos, abrazos, caricias, palabras... todas esas cosas; pero por un momento, paro.
No, no quería estar con él, no podía. Le daba igual que la amase, que fuera feliz a su lado, que la hiciera sentir especial, única, inigualable. Porque ella, ella no podría seguir fingiendo por todas esas cosas que habían vivido juntos, por más que le doliese.
Ella, debía seguir su camino, tenía que ir hacía delante, y no mirar para atrás. Porque, no podía estancarse en aquel párrafo de su larga historia. Tenía que comenzar una nueva línea en su folio en blanco, debía terminar su libro.
Porque Eva no podía estar más con Adam, ya que no le amaba.
No, no quería estar con él, no podía. Le daba igual que la amase, que fuera feliz a su lado, que la hiciera sentir especial, única, inigualable. Porque ella, ella no podría seguir fingiendo por todas esas cosas que habían vivido juntos, por más que le doliese.
Ella, debía seguir su camino, tenía que ir hacía delante, y no mirar para atrás. Porque, no podía estancarse en aquel párrafo de su larga historia. Tenía que comenzar una nueva línea en su folio en blanco, debía terminar su libro.
Porque Eva no podía estar más con Adam, ya que no le amaba.
lunes, 11 de enero de 2010
Arma en mano.
Y hubo un momento, en el que me miré, con un arma en la mano, sin saber muy bien que hacer; porque, en cierto modo, se que tú tampoco sabías que iba ha hacer yo. Fue un momento estúpido; no quise disparar, me lo pensé y fue peor. No por ti, tampoco por mi, si no por el hecho de llevarla en la mano.
Por pensar que todo se podía acabar de esa estúpida manera. Que mis problemas se irían, que si te eliminaba a ti, no habría mas dudas, mas problemas que me acosaran en las oscuras y agobiantes noches.
Tu mirada no me perseguiría, tus ojos no me mirarían, tus palabras no me volverían a herir nunca. Pero, me sentiría como si perdiese, como si este juego no lo acabase del modo que debería acabar.
Así, que te la tiendo, ahora la decisión esta en tus manos, como siempre. Yo aceptaré cualquiera de las dos: borrarme de tu vida para siempre, o quedarme en ella de una forma silenciosa.
Ninguno ganará.
Por pensar que todo se podía acabar de esa estúpida manera. Que mis problemas se irían, que si te eliminaba a ti, no habría mas dudas, mas problemas que me acosaran en las oscuras y agobiantes noches.
Tu mirada no me perseguiría, tus ojos no me mirarían, tus palabras no me volverían a herir nunca. Pero, me sentiría como si perdiese, como si este juego no lo acabase del modo que debería acabar.
Así, que te la tiendo, ahora la decisión esta en tus manos, como siempre. Yo aceptaré cualquiera de las dos: borrarme de tu vida para siempre, o quedarme en ella de una forma silenciosa.
Ninguno ganará.
sábado, 9 de enero de 2010
Castillo de cristal.
Tu silencio me duele más que tus palabras, porque es como la nada envolviendome; como si todo fuera un castillo de cristal, y tu silencio fuera la piedra que lo rompiera todo, y yo inútil, lo reconstruyo, haciendo que mis manos sangren y se corten con los trozos inservibles de aquel edificio roto.
Y cuando pienso abandonar, vienes con tus palabras de cariño, esas que como si fueran medicina, que creo que me curan las heridas. Que me hacen seguir adelante, que me hacen ser humana.
Pero de lo que verdad no me doy cuenta, es que tu juego me debilita, hace que me quite la máscara de la frialdad, el escudo de hielo.... y que quede transparente a tus miradas, sincera a tus preguntas, y yo... y simplemente yo ante ti.
Y cuando pienso abandonar, vienes con tus palabras de cariño, esas que como si fueran medicina, que creo que me curan las heridas. Que me hacen seguir adelante, que me hacen ser humana.
Pero de lo que verdad no me doy cuenta, es que tu juego me debilita, hace que me quite la máscara de la frialdad, el escudo de hielo.... y que quede transparente a tus miradas, sincera a tus preguntas, y yo... y simplemente yo ante ti.
viernes, 8 de enero de 2010
Comienzos.
Él, con sus grandes ojos verdes, quería ver el mundo. Quería viajar por Estambul, Praga, Venecia, Atenas, Etiopia... por todos esos lugares llenos de historias disparatadas, y ambientes desconocidos. Quería saber todo aquello que nunca supo. Quería saber que había en la India, en Egipto... en todos esos lugares por los que viajo Alejandro Magno; aquellos lugares que llevaron al Gran Emperador, a la tumba.
Quería vivir aquellas historias que le habían contado. Todas esas experiencias que siempre se le habían negado; todo aquello que le haría ser diferente a como era. A lo mejor ya no le gustaría la ropa que le habían comprado. La música que le había parecido oír. Las risas que creía haber escuchado. Los sentimientos que pensaba que había visto. En definitiva, todas esas cosas conocidas, pero a la vez tan diferentes y extrañas.
Cogió aire, y antes de mirar hacía delante, hacía todo lo que le esperaba aquella nueva vida; oyó los llantos desesperados de una mujer. Escucho los animos desesperados de un hombre. Notó dos manos que le agarraban con firmeza para sacarlo de allí. Vio todo aquello que estaba abandonando.
Estaba abandonando aquello conocido durante nueve meses, para ver como dos manos frías, y crueles le sacaban de allí. No parecían cálidas, como debían de ser. No eran seguras, como creía haber sentido.
Su vida se iba por ese vacio inesperado, por ese lugar tan poco agradable. Pero entonces, antes de que la muerte le pudiera alcanzar. Vio la luz esperanzadora de una familia, la suya. Vio como su padre tenía los mismos ojos que él; pero los de él, estaban llenos de amor hacía esa mujer. Esa mujer que hacía todo lo posible por tenerlo: su madre.
Se dejo llevar, dejo que esas manos se convirtieran en unas cálidas. Lloró y gritó, hasta que sus padres le tuvieron en brazos. Por fin esas manos cálidas y seguras, esas manos que le guiarían por la vida. Eso, si que era una familia: su familia.
Quería vivir aquellas historias que le habían contado. Todas esas experiencias que siempre se le habían negado; todo aquello que le haría ser diferente a como era. A lo mejor ya no le gustaría la ropa que le habían comprado. La música que le había parecido oír. Las risas que creía haber escuchado. Los sentimientos que pensaba que había visto. En definitiva, todas esas cosas conocidas, pero a la vez tan diferentes y extrañas.
Cogió aire, y antes de mirar hacía delante, hacía todo lo que le esperaba aquella nueva vida; oyó los llantos desesperados de una mujer. Escucho los animos desesperados de un hombre. Notó dos manos que le agarraban con firmeza para sacarlo de allí. Vio todo aquello que estaba abandonando.
Estaba abandonando aquello conocido durante nueve meses, para ver como dos manos frías, y crueles le sacaban de allí. No parecían cálidas, como debían de ser. No eran seguras, como creía haber sentido.
Su vida se iba por ese vacio inesperado, por ese lugar tan poco agradable. Pero entonces, antes de que la muerte le pudiera alcanzar. Vio la luz esperanzadora de una familia, la suya. Vio como su padre tenía los mismos ojos que él; pero los de él, estaban llenos de amor hacía esa mujer. Esa mujer que hacía todo lo posible por tenerlo: su madre.
Se dejo llevar, dejo que esas manos se convirtieran en unas cálidas. Lloró y gritó, hasta que sus padres le tuvieron en brazos. Por fin esas manos cálidas y seguras, esas manos que le guiarían por la vida. Eso, si que era una familia: su familia.
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